La sexualidad en mis hijos.

Blog 1 octCrecí como la mayoría de mi generación: con el tabú del tema sexual en las pláticas de mi casa.

Recuerdo muy bien aquel libro de mi infancia, donde mí mamá me mostró a los 9 o10 años, la famosa “semillita”, y sus órdenes contundentes a mis hermanos: “no te toques”, “déjate ahí”. Y también mis “clases” de educación sexual en la escuela, que sólo sirvieron para aumentar la curiosidad y las murmuraciones entre mis compañeros del salón.

En la adolescencia los cambios en mi cuerpo los rechazaba, quería seguir siendo niña pero también mi esencia y mis emociones decían otra cosa. Desconocía qué seguía, cómo actuar, qué hacer; y la información religiosa, cultural y social con que contaba, sólo proyectó sobre esos sentimientos y transformaciones una negra nube de pecado y culpa.

En los años 90 del siglo pasado cuando todavía no estaba al alcance toda la información que hoy existe sobre el tema, poco a poco, con experiencias, ciertas lecturas y pláticas más profundas, conocí y descubrí mi propia sexualidad. Me liberé de prejuicios y dogmas que sólo me reprimían y me impedían vivir en plenitud y de manera natural ese tema. Ahora que lo escribo todavía resuena en mi algo que me escandaliza y me dice “qué haces escribiendo de ese tema tan personal…”

Ahorrándome la pena o vergüenza que ese tema per se significa y que todavía al menos a mi me sonroja hablar del él frente a otras personas, prefiero escribirlo y exponer mi sentir y mis inquietudes como mamá de tres hijos pequeños y frente a quien podría parecer “me preocupa más”, María Fermina mi hija de ocho años con parálisis cerebral -que sin duda la siento más vulnerable que mis otros dos hijos-, tampoco puedo asegurar ni afirmar que con ellos ya tengo dominado ese tema pues también están expuestos a esa propia fragilidad de la vida misma y del tema que nos ocupa.

En una plática con una especialista en sexualidad, nos advirtió de los peligros que representan para cualquier niño el exceso de información no procesada publicada en internet y me quedo muy clavada una frase cuando se refirió ese peligro: “darle a tu hijo el acceso a internet, es igual a darle una pistola…”. Que fuerte y serio es todo lo que estamos viviendo con la tecnología pero qué hacemos frente a esta realidad que nos aplasta. ¿No hablar?, ¿quedarnos callados? ¿asumir que María Fermina por su propia discapacidad no preguntará, no cuestionará y más: no sentirá…?. La ignorancia o la simulación dispararán esa pistola.

¿De qué le tengo que hablar? ¿cómo abordaré ese tema con mi hija con discapacidad?, ¿qué experiencias le tengo que platicar, qué explicar?. ¿La parte afectiva y erótica del ser humano tendría que ser diferente porque ella “igual no se da cuenta”, “no siente igual” y, acaso, la percibo más chiquita para explicarle temas de afecto y sexo?

Pienso y asumo a María Fermina antes que nada, como a una mujer con iguales derechos y sentimientos que a las demás personas, independientemente de su discapacidad neuromotora. Siente lo mismo. Se erotiza como todos, porque la sexualidad es inherente a la esencia del ser humano y forma parte de nuestra propia personalidad y del desenvolvimiento de nuestro cuerpo.

Hoy por ejemplo, ya puedo reconocer qué acciones le provocan placer. Y tengo claro que no se pueden, ni deben reprimir. Se deben conocer. Me parece que debo abordar el tema de la manera más natural posible; platicar desde ahora con ella, sin prejuicios ni distinción alguna por su discapacidad. Debo tratar de conocer sus necesidades, sus intereses, su propia curiosidad y las situaciones que ella misma vive.

Que ella misma se descubra como mujer, se conozca y se acepte desde sus diferencias y particularidades de manera plena y amorosa.

María Fermina como cualquier mujer tiene la capacidad para identificar el placer ante ciertas acciones naturales de su propio desarrollo; por tanto, tiene el derecho igual de explorar y conocer su cuerpo y de vivir su parte afectiva y sexual como lo tienen mis otros dos hijos.

Y debe ser una tarea y compromiso de nosotros, como papás, quitarnos ese tabú con el que muchos crecimos y crear las condiciones adecuadas para una sexualidad autónoma, sana, libre y responsable, que haga a nuestros hijos mejores personas, atentas a la potencia de su cuerpo, a la plenitud de sus sentidos y a la dignidad con la que nos relacionamos con los demás.

*Publicado por Margarita Garmendia

Un comentario en “La sexualidad en mis hijos.

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