Una promesa

Blog 10 octAlgunos de ustedes podrán estar muy familiarizados con el mundo de las promesas. Promesas, como compromiso de “ayudar” a Dios en alguna tarea difícil, promesas para comprometerte con una causa, promesas para descargar la angustia o el dolor que nos rebasa. Para mí no era tan claro.

Cuando mi muy prematura hija nació, muchas personas hermosas se volcaron a cobijarnos, nos acompañaron, organizaron círculos de oración e hicieron promesas a cambio de su recuperación. Para mi esposo y para mi, esto de las promesas, era una más de las demostraciones de cariño que nos llenaban de fuerza. Sin embargo, yo no encontraba la manera de participar, y como se trataba de mi hija, me dejaba con la sensación de no estar haciendo mi parte del compromiso. Recuerdo por ejemplo la promesa de difundir la palabra de San Judas Tadeo, el compromiso de llevar a la bebé a conocer al niño de la salud y a la virgen de la salud. El encargo de recibir a la Virgen viajera de la Paz, la responsabilidad de agradecer a la Virgen del Rocío. Todas ellas eran promesas hermosas cargadas de fe y en tanto yo seguía sin encontrar que promesa/sacrificio podía hacer por la salud de mi niña. Entonces llegó una amiga querida, y me dijo que ella no iba a comer chocolate hasta que Ana Lucía saliera del hospital. Lo entendí clarísimo.

Las promesas de orden religioso tienen la misión de concentrar la fe y el poder de la oración en una acción. Las promesas futuras, visitas por ejemplo, tienen su fortaleza en la confianza en el futuro, en ese deseo de salir adelante y cumplir un sueño. Las promesas personales son un acto de fortaleza, de convencerse a uno mismo que a pesar de la adversidad se tendrá la fuerza de cumplir algo que personalmente nos importa o forma parte de nuestra cotidianeidad. Ya que la situación que estamos enfrentando no tiene nada de cotidiano. Y con este tipo de promesas encontré la manera de hacer mi “sacrificio” personal. No comí chocolate en un año, y vaya que eso fue un importante recordatorio, todos los días, de la situación que habíamos pasado. Mario no tomó ningún refresco hasta que fue su bautizo 6 meses después. Los dos estábamos haciendo a un lado algo que nos implicaba un esfuerzo y con ello nos reafirmábamos estar fuertes y a la altura de la situación. No importa el tipo de promesa, sino el compromiso de quien la hace. Es un vínculo estrecho de cada quien con su yo, muy íntimo.

A partir de ese momento he escuchado algunas promesas que yo, no considero nada difíciles y pueden dar hasta risa, pero sé que quien la hace está ofreciendo algo que le implica un verdadero esfuerzo. Más de uno se habrá reído ahorita con mi promesa de no comer nada de chocolate por un año. Para mi fue un esfuerzo y una satisfacción lograrlo y no conforme con ello, un tiempo después volví a prometer lo mismo hasta que ella caminara, y nuevamente con gran orgullo lo cumplí.

Ocho años y medio después del nacimiento de Ana Lucia, estamos Mario y yo parados frente a la Iglesia de la Virgen del Rocío, con tantas emociones que estamos desbordados. ¡Cumplimos! La tía que hizo la promesa, lo hizo con amor y esa imagen nos ha acompañado todo este tiempo. Para mí representa el triunfo total. Han pasado años, ella está bien, nosotros estamos bien, Victoria está bien. La Fé está bien, la confianza en el futuro está bien.

La satisfacción del deber cumplido es estar aquí, con una sensación de rendir cuentas, esas cuentas que han superado todas las expectativas. Si me tomara un cafecito con la Virgen del Rocío le podría compartir mi desesperación de no tener un diagnostico, luego la angustia de tenerlo. La eterna espera de verla gatear y luego caminar. Esa emoción que brota del alma al verla salir contenta de la escuela porque realizó tal o cual actividad con todos sus compañeros. La preocupación de estar trabados con el proceso de lecto-escritura. En el café con la Virgen sé que ella me comprende como lo hacen las mamás del grupo de apoyo. Sé que comparte mi amor de madre que derriba obstáculos y mi enorme emoción de entregar un balance positivo. Lo que Ana Lucía le ha dado a nuestra vida es mucho mas positivo que doloroso, es más alentador que triste, es más amor que lágrimas.

Pero esto no es una charla, es una oración de gratitud la que le ofrezco. Por permitirnos estar aquí hoy, los dos agradeciendo de todo corazón la enorme deferencia de ser padres de estas niñas tan extraordinarias.

Publicado por Ana Elisa P.

2 comentarios en “Una promesa

  1. Me gustó mucho la forma como abordas el tema de la promesa.
    Lo que necesitamos muchas personas son recordatorios y signos, y una promesa así concreta y aterrizada hace más tangible el compromiso.

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